Entre diciembre de 1975 y enero de 1976 las Galerías Layetanas (Barcelona) celebraron una exposición titulada Homenaje a Zabaleta, 1907-1960. Con tal motivo, el crítico e historiador del arte Daniel Giralt-Miracle publicó en la revista Destino (nº 1.998, página 38, 15-21 de enero de 1976) el artículo que transcribo más abajo con la intención de conservarlo y difundirlo.
Homenaje
a Rafael Zabaleta
El entusiasmo con que Eugenio d'Ors defendió y promocionó
a este pintor jienense, nacido en Quesada en 1907 y muerto en la misma
población en 1960, fue el punto de arranque que le valió el gran reconocimiento
que en la actualidad goza. Zabaleta fue visto por Xénius como un pintor hondo,
ingenuo, primitivo, valiente, «sin anemia impresionista alguna», cuya obra
estaba envuelta en un sueño silencioso dedicado a reflejar, con ibéricas
autenticidades, los planos, las geometrías y la subyacente realidad de nuestro
mundo, dentro de un cubismo algo dramatizado y una mágica sensación de
realidad. Esta forma de ver el mundo gustó tanto de la fuerza «fauve» como de
la pujanza expresionista Van Gogh, solo que siempre orientada a exaltar las
grandezas de la sierra de Cazorla, la que fue considerada por él el lugar más
grandioso del mundo.
Zabaleta es un pintor providencial en el difícil drama de
la pintura española de mediados del siglo XX, en el que de forma afanosa se
busca unos lazos de vínculo con la contemporaneidad internacional. Acartonada
la tradición, en plena autarquía la vida académica, viviendo las miserias de la
posguerra, Zabaleta abre una etapa -entonces vanguardista-, que se halla
equidistante entre una figuración rejuvenecida y las nuevas corrientes europeas
dedicadas a investigar la esencia del hecho pictórico. Es un «rara avis» que
junto con Benjamín Palencia, Ortega Muñoz, Francisco Mateos, Pancho Cossío y
alguna excepción más, logra dar al tránsito pictórico hacia lo contemporáneo
una doble dimensión que reaviva, a nivel formal y expresivo, nuestro aletargado
arte hispánico.
El homenaje que
nos ofrece la Galería Laietana de Barcelona lo componen diecisiete óleos, dos
acuarelas y veintidós dibujos. Cabe destacar, por su relieve, originalidad y
fuerza expresiva, la serie de dibujos que bajo el título los «Sueños de
Quesada» realizó en 1943, y que gracias a la amistad que le unía a d'Ors
presentó e n el Casal de la Cultura de Vilafranca del Penedés, por primera vez,
en 1944.

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