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UNA NUEVA Y DESCONOCIDA OBRA DE RAFAEL ZABALETA.

 

Tras la guerra civil, Zabaleta retoma su actividad artística y sigue viajando frecuentemente a Madrid. Se hospeda, como de costumbre, en la pensión de Dª Verónica (calle Caballero de Gracia), en la que había sido detenido el 1 de diciembre de 1939. Practica el dibujo en el Círculo de Bellas Artes, asiste con asiduidad a las tertulias del Café Gijón, donde es bien conocido, y visita a sus amigos; allí irá ampliando y reforzando su amistad con numerosos intelectuales, artistas y críticos de arte, de lo que queda constancia en su agenda personal de direcciones, en la que aparecen más de 200 entradas correspondientes a la capital de España.

Como señalaba con acierto Enrique Azcoaga, eran tiempos «en que la cultura estaba exiliada de Madrid y de Andalucía». Y a continuación escribía: «nos uníamos con extraordinaria frecuencia con el fin de lamentar una España como la que Rafael (Zabaleta), yo y tantos padecimos; no era la que queríamos, la que pretendíamos, la que las gentes de pluma y pincel de los años cuarenta echábamos de menos para no confundir, entre tantas cosas, país con cuartel…»[1].

Aquellas reuniones y tertulias, repletas de inquietudes, rebeldía, arte, amistad, vino y tabaco, siguen hoy día dando sorpresas como ahora veremos al investigador que intenta adentrarse en la vida de Rafael Zabaleta.

 

1.- La pensión de la señora Nieves.

Corrían los primeros años 40. Los pintores que no se habían visto obligados al exilio trataban de superar, como el resto de los españoles, el duro trauma sufrido durante la guerra civil. Muchos de ellos retornaban a la pintura e intentaban abrirse camino en el mundo del arte.

En la pensión madrileña de doña Nieves, situada en el número 31 de la calle General Pardiñas, muy cerca del estudio de Daniel Vázquez Díaz, se alojaba el artista onubense José Caballero[2]. En la agenda personal de Rafael Zabaleta figura precisamente esa pensión, el número 31 de General Pardiñas, como domicilio de su amigo Caballero[3].

En aquella pensión solían reunirse con el pintor onubense varios amigos artistas, entre ellos Juan Antonio Morales[4], que también residía en ella desde su época de estudiante, José Luis López Sánchez[5], Pedro Bueno[6] y Rafael Zabaleta.

En una ocasión los cinco decidieron utilizar como soporte para sus obras las tablas que componían dos de las puertas interiores de la pensión, que ellos llamaban “The Nieves House”. Dichas puertas estaban compuestas por cuatro tablas de 40 x 60 centímetros, cada una de las cuales estaba enmarcada con una fina moldura e integrada en la hoja de la puerta. Los artistas decidieron pintar al óleo en las tres tablas superiores de cada puerta. José Caballero (con dos obras) y Pedro Bueno (con una) lo hicieron en una de las puertas. José Luis López Sánchez, Juan Antonio Morales y Rafael Zabaleta pintaron en la otra.

         

Fotografías de las puertas, facilitadas por la Fundación Caballero - Thomás de Carranza

Recientemente, y con la inestimable colaboración de Raúl Estévez García (secretario de la Fundación Caballero Thomás de Carranza) y de César Cuéllar Santamaría (Galería de arte Ángeles Penche), he podido conocer esas obras, con las que sus autores pusieron un original toque de color y de belleza a aquel ambiente gris que les tocó vivir.


2.- La obra de Rafael Zabaleta en la puerta de la pensión de doña Nieves.

Rafael Zabaleta. Óleo sobre tabla. 40 x 60 cm.
Fotografía facilitada por la galería Ángeles Penche.

La obra que Rafael Zabaleta pintó en esta puerta, hasta ahora prácticamente desconocida y sin catalogar, representa una escena en la que aparecen un arlequín en pie, de espaldas, con el clásico ropaje de rombos multicolores muy ceñido y gorro bicornio, sujetando con su mano derecha un abanico cerrado; y otro sentado, vestido de amplios ropajes blancos, con largo gorro cónico y máscara de pronunciada nariz, tocando la guitarra. Ambos lucen amplia gorguera. Parece que el primero ejecuta una grácil danza al ritmo de la música que interpreta el segundo. La escena se sitúa en un jardín con aspecto de telón teatral. Todo ello crea un ambiente de ensueño, característica que comparte con las obras de los otros cuatro pintores y enlaza con el arte surrealista que en aquellos momentos tan impactante era para todos ellos.

Además recuerda los dibujos lorquianos, lo que no es de extrañar dada la vinculación que con Federico García Lorca mantuvieron dos de los pintores que también decoraron las puertas: José Caballero y Juan Antonio Morales. Ambos realizaron el cartel de Yerma cuando la obra se representó en 1934. Morales ilustró el Romancero Gitano editado durante la guerra. Caballero colaboró en “La Barraca” como escenógrafo y figurinista, y realizó las ilustraciones surrealistas que acompañaron la edición de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías en la editorial Cruz y Raya (1934). Es de suponer que en aquellas reuniones en “The Nieves House” Lorca fuese muy recordado y comentado por los artistas tertulianos.

Por otra parte, esa temática circense aparece en numerosas obras de Zabaleta de los años 30 y 40 del pasado siglo. En varias obras de esos años, algunos arlequines y cómicos de Zabaleta aparecen también cubiertos con gorro bicornio, tan habitual asimismo en los arlequines de su admirado Pablo Picasso, y en algún caso con gorro cónico.

Pero en el caso de esta obra los personajes muestran un dinamismo y una movilidad inusuales en las demás de tema circense que Zabaleta pintó, cuyos personajes parecen posar como para una fotografía, mucho más estáticos, más en reposo; y es que parece que en este caso los dos arlequines estuvieran ensayando para su espectáculo. No obstante, tanto unos como otros, a pesar de sus coloridos ropajes, siempre trasmiten una sensación de soledad, una gran melancolía y tristeza interior.

3.- El final de las puertas de la pensión de doña Nieves.

A finales del siglo XX, la galería de arte madrileña Ángeles Penche adquirió las puertas a las que me vengo refiriendo y se ocupó de desmontar y restaurar cada una de las tablas de las mismas para vender por separado las obras en ellas pintadas. La de Zabaleta se expuso y se vendió en la IX Feria del Arte de Santander (año 2000), sin que hasta el momento sepamos quién es su propietario actual.


No hay duda de que Zabaleta seguirá dándonos sorpresas a poco que haya algo de suerte y se busque fuera de los caminos trillados, tan fáciles de recorrer, pero que pocas novedades seguramente podrán aportar.



[1] Enrique Azcoaga: Mi buen amigo Rafael Zabaleta. En G. Ureña (coord.). Zabaleta Homenaje (pp. 30-34). Jaén, Diputación Provincial, 1984.

[2] José Caballero y Muñoz-Caballero (Huelva, 1913 – Madrid, 1991), alumno de Vázquez Díaz. Según me indica Raúl Estévez, Caballero residió en la pensión de la señora Nieves entre 1932 y julio de 1936; y después de la guerra, desde mediados de 1939 a 1951.

[3] Según figura en la agenda de Rafael Zabaleta, su amigo el pintor Francisco San José residía en el número 33 de General Pardiñas, inmueble contiguo a la pensión de doña Nieves; y en el número 64 de la misma calle residía su amiga la pintora Menchu Gal, que en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1954) obtendría una medalla por su obra Retrato del pintor Zabaleta. Fue precisamente en el estudio de Menchu Gal donde Zabaleta presentó (1943) a Francisco San José a la que luego sería su esposa, la pintora y ceramista Pilar Aranda Nicolás.

[4] Juan Antonio Morales (Valladolid, 1909 – Madrid, 1984), contertulio de Zabaleta en el Café Gijón y compañero de clase de José Caballero en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). En su época de estudiante residía, como Caballero, en la pensión de doña Nieves.

[5] José Luis López-Sánchez Toda (Madrid, 1901 – 1975), artista muy conocido porque diseñó y grabó más de cien sellos y la mayoría de los billetes en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Se conservan tres cartas suyas dirigidas a Zabaleta entre 1945 y 1949.

[6] Pedro Bueno Villarejo (Villa del Río, 1910 – Madrid, 1993), contertulio de Zabaleta y Juan Antonio Morales en el Café Gijón, y gran amigo de Zabaleta. Se conserva abundante correspondencia suya dirigida a Zabaleta desde 1936.

RAFAEL ZABALETA Y LOS PASTORES.


El texto de este artículo apareció en el número 9 (diciembre de 2022) de la revista “Sueños de Quesada”, publicada por la asociación “Amigos de Rafael Zabaleta”.

 
Rafael Zabaleta en 1953

Francisco Moreno Fernández y María Guerrero Romero, pastores. (Foto facilitada por su hijo Francisco).


Corrían los primeros años 40 del pasado siglo. El mundo padecía la II Gran Guerra y España los “años del hambre”[1]. Rafael Zabaleta, una vez prácticamente resuelta –aunque no olvidada– la dramática situación vivida tras la guerra civil española (campo de concentración, denuncia, detención en Madrid, cárceles de Madrid y Jaén, proceso judicial militar, juzgado de responsabilidades políticas…), se dedicaba de lleno a su labor creativa, aunque seguía en libertad condicional vigilada, debiendo presentarse a los controles pertinentes.

En marzo de 1942 habían dejado morir en la cárcel a Miguel Hernández, lo que el pintor lamentaba en sus conversaciones con Enrique Azcoaga[2]. Meses después de la muerte del poeta, Zabaleta había obtenido un primer éxito artístico con motivo de su primera exposición individual (Madrid, Galería Biosca, noviembre – diciembre de 1942), en la que mostró un óleo (“Los toros”, 1940) claramente inspirado en el poema dedicado por Miguel Hernández a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (“citación – fatal”, 1934). Ya se sentía, pues, pintor y estaba decidido a seguir dando a conocer su obra, en la que el campesinado quesadeño tiene un protagonismo relevante por voluntad decidida del artista.

En otoño – invierno de 1943 Zabaleta estaba en su finca de Fique. En el cortijo vecino, propiedad de Nicolás Carrasco, pastoreaba una familia de Belerda sus 300 ovejas. Rafael Zabaleta, siempre interesado en el paisaje de su tierra y en quienes trabajaban en él, decidió pintar a esta familia. Ese fue el origen de un óleo en el que aparecen Francisco Moreno Fernández, su esposa María Guerrero Romero (embarazada de su hija menor, Estefana) y su hijo Francisco.

 

Rafael Zabaleta: "Familia de pastores de Belerda" (81x100), 1943. Óleo sobre lienzo. Museo Zabaleta (Quesada).

María Guzmán[3], basándose en la relación autógrafa de obras que realizaba el propio pintor, adjudica a este óleo el título “Serranos” y lo fecha en 1948. En cambio, en la relación de obras del antiguo Museo Zabaleta (1963) aparece fechado en 1943 y titulado “Familia de Pastores”, título con el que también aparece (con el número 31) en el catálogo de la exposición antológica itinerante de 1961-1962 organizada por la Dirección General de Bellas Artes, aunque fechado en 1946. En el actual Museo figura con el título “Serranos. (Familia de pastores de Belerda)” y se vuelve a fechar en 1946.

Tenemos, pues, dudas sobre el título del cuadro y sobre la fecha en que el pintor lo realizó.

El pasado 23 de agosto me reuní en Quesada con Francisco Moreno Romero (el zagal que aparece en el óleo) para que él me contara cuanto recordara del momento en que Zabaleta los pintó a él y a sus padres. Francisco nació en Belerda el 8 de mayo de 1937. Al inscribirlo en el Registro le cambiaron por error el segundo apellido y le pusieron el segundo apellido de su madre. Por eso, sus hermanos son Moreno Guerrero y él Moreno Romero. Es hijo de Francisco Moreno Fernández (el pastor que aparece en el cuadro) y de María Guerrero Romero (la mujer embarazada que aparece junto a él), “que llevaba el negocio del ganado aunque fuese analfabeta” (según me indicó su nieto, Francisco López, a quien agradezco su generosa colaboración).

Francisco Moreno Romero me dijo estar seguro de que las personas pintadas por Zabaleta son él, su padre y su madre. Esta aparece embarazada de su hermana Estefana (la menor de los hermanos), nacida el 6 de noviembre de 1943[4]. “Nos pintó Zabaleta en Fique, donde teníamos el ganado (300 ovejas) pastando. Fue en el invierno de 1943. Los señoritos (Nicolás Carrasco y Cesáreo Aguilera) querían a mis padres más que a sus hijos. Si mi padre necesitaba dinero, lo acompañaban al banco y le decían al director: «A mi pastor le das lo que haga falta», y eso que ellos eran los señoritos”.

Como más arriba señalé, Rafael Zabaleta era propietario de un cortijo vecino al de Nicolás Carrasco, en Fique, por lo que no es de extrañar que pintara allí a estos pastores, o al menos iniciara la obra, que pudo haber terminado en su estudio.

Por otra parte, por los datos que Francisco facilita resulta evidente que el óleo es de 1943, y no de 1946 ni de 1948. Su título bien podría ser “Familia de pastores de Belerda”. Si es así, Zabaleta no lo recogió en su relación autógrafa de obras, aunque en una carta dirigida a Eugenio D’Ors desde Quesada (13 de noviembre de 1943) parece referirse a él: «Ya empecé mi temporada de trabajo con un cuadro de tipos de esta tierra en un paisaje de atardecer invernal». Ninguno de los óleos recogidos por el pintor en su relación de 1943 se ajusta a esa descripción, por lo que pienso que se refería a este.

 

Rafael Zabaleta: "Pastores" (100x81), 1944. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

Aproveché la entrevista con Francisco Moreno Romero para mostrarle otra obra de Zabaleta (“Pastores”, de 1944, 100 x 81 cm.) en la que se ve a un pastor haciendo soga de esparto y a un niño cuyo parecido con el zagal de los “Pastores de Belerda” es muy notable. En cuanto lo vio me dijo: «Son los mismos, ¿no lo ves?», pero no recordaba que los hubiera pintado en esa pose ni en esas circunstancias. Deduzco que Zabaleta utilizó a sus “modelos” pastores para pintar otras obras en su estudio.

 

Rafael Zabaleta: "El pastor Félix"(81x100), 1946. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

Le comenté durante nuestra conversación que existe otro óleo de asunto pastoril (“El pastor Félix”, de 1946, 81 x 100 cm.) y le pregunté si conoció a algún pastor llamado Félix. Él me respondió: «¡Claro! Llevaba siempre una gorra (así aparece en el óleo). Estuvo de pastor con nosotros y más tarde se fue a Gerona y después a Francia. Se llama Félix Fernández Moreno, tiene 92 años y vive en Úbeda con dos de sus hijas. Es yerno de mis padres, marido de mi hermana Micaela».

Es una suerte contar con testimonios como los de Francisco, pues no teníamos identificado al pastor Félix, aunque sí sabíamos que el óleo estaba “sacado del natural” (al igual que el de los pastores de Belerda), como Zabaleta le cuenta a Eugenio D’Ors en carta de 28 de marzo de 1946:

En el tiempo que llevo en Quesada tengo pintados cuatro cuadros, dos de ellos con desnudos utilizando para su dibujo los apuntes hechos en Madrid la temporada pasada. Los otros cuadros los pinté en el campo, siendo uno de ellos un pastor con su perro y ovejas con un gran fondo de serranía (se refiere precisamente a “El pastor Félix”) y el otro un paisaje con animales (debe referirse a “Barranco de los lobos”, 81 x 65 cm.), los dos sacados del natural.

Posteriormente pude hablar por teléfono con Félix Fernández Moreno (el “pastor Félix”), quien se sorprendió al saber que Zabaleta lo había pintado. Reconoce que conoció al pintor, pero poco más recuerda de aquellos años. Trabajó como pastor poco tiempo junto a los hermanos Moreno Guerrero y después se marchó a Francia. Actualmente, ya jubilado y con 92 años de edad, reside en Úbeda.

Me contó también Francisco Moreno Romero que Zabaleta los pintó en otra ocasión con “una borriquilla blanquilla” que tenía su padre. Le comenté que no conocía ninguna obra de esas características, pero que buscaría entre la producción del pintor. Él me dijo al despedirse: «busca, busca…». Naturalmente, le hice caso; buscando entre las obras de Zabaleta, encontré una acuarela (“Paisaje con animales”, 32 x 45 cm., c. 1944) que bien podría corresponder a la obra en cuestión. No aparece la familia de pastores, pero sí una borriquilla y dos cabras situadas en la era de Fique, con el pico nevado del Rayal al fondo.

 

Rafael Zabaleta: "Paisaje con animales" (32x45), c. 1944. Acuarela sobre papel. Colección particular.

El 13 de octubre volví a reunirme con Francisco Moreno, esta vez en su casa de la aldea de Don Pedro[5], y le mostré una fotografía de la acuarela. En cuanto la vio me dijo que no era esa la obra de la que él me había hablado: «No, no… La burra esa no es mía». Debe, pues, referirse Francisco a otra obra de Zabaleta que no he podido aún determinar.

Reunión con Francisco Romero y su esposa. Aldea de Don Pedro, 13 de octubre de 2022.

También le mostré una foto de “El pastor Félix”, óleo del que ya habíamos hablado en nuestra primera entrevista, y su reacción (así como la de su esposa) fue inmediata: «Míralo, es Félix, con su gorrilla, su garrota y las ovejillas. ¡Es muy propio! Y ese perro negro lo crié yo en la Cañada de las Fuentes; le decíamos “el careto” o “el lunares”, no me acuerdo ya».

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Indudablemente, Zabaleta disfrutaba en Quesada de la naturaleza y de la sierra. En carta a Cesáreo Rodríguez-Aguilera escribía el 11 de abril de 1943: « La excursión a la sierra yo creo que este año sí la haremos […], ya que es un placer que parece mentira que los muchachos de este pueblo no sepan disfrutarlo». Pero, como hemos visto, no solo le interesaba el paisaje, sino muy especialmente el contacto con quienes trabajaban en él. Eso sí, sin olvidar que él tenía una vida diferente fuera del pueblo, normalmente poco conocida por sus paisanos. En otra carta a Cesáreo Rodríguez-Aguilera (16 de febrero de 1943) también escribía:

Anoche regresé del cortijo de “Majuela”, después de pasar unos días con Fernando (Fernando Segura) y sus hermanos cazando perdices, fueron unos días al margen del mundo en compañía de pastores y carboneros. Ya anteriormente pasé otros días con Francisco Sanjuán en Tíscar, y con esto cerraré mi temporada actual de pueblo, pues ya solo estoy pendiente de ponerme la ropa de mi otro Zabaleta, y tomar el tren.

Como vemos, Zabaleta disfrutaba “al margen del mundo en compañía de pastores y carboneros”, lo que confirma a Eugenio D’Ors en la carta antes citada de 28 de marzo de 1946: «Me acordé de V. estos días pasados en la sierra cuando por las noches al amor del fuego contaban los pastores historias de lobos, ya que V. se ocupa actualmente de estas cosas en su “Glosario”[6]».

Ese gozoso contacto del pintor con jornaleros, pastores y carboneros evidencia una vez más su interés por las gentes humildes, por las que sentía gran respeto y a las que reflejó en su obra siempre con gran dignidad, alejado del folklorismo endulzado con el que se solía –y aún se suele– abordar la temática popular. A ello debía referirse Zabaleta en 1958 cuando manifestaba que su “ruralismo” respondía «a una necesidad de expresión, íntimamente ligada, nacida mejor, del medio en que vivo y la tierra que piso. Es natural que trate de expresar sus formas y colores en un mensaje cuanto más amplio, mejor». Y remachaba: «Es muy peligroso hablar genéricamente en la actualidad de una pintura andaluza, ya que por desgracia está muy desacreditada. De momento, lo mejor es que la pintura que se haga en nuestra tierra no se parezca a la que muchos creen que la representa»[7].

De hecho, en las mismas fechas en que pintó a la familia de pastores de Belerda Zabaleta estaba decidiendo qué obra enviar a la Exposición Nacional de Bellas Artes (el “concurso oficial” más valorado por los artistas en el momento) y dudaba entre un óleo de tema campesino[8] y “Asunción de la Virgen”, de 1942 (una de sus escasísimas pinturas de tema religioso y seguramente pensada para contemporizar con el ambiente político, clerical y social imperante), que será el que finalmente presente y le será rechazado por el jurado. Justificaba así su duda a Cesáreo Rodríguez-Aguilera en la carta antes citada (16 de febrero de 1943):

Ahora terminé un paisaje que no puede ser más de Quesada. Son unos campesinos y al fondo un paisaje mineral de “Doña Gila”, estoy en parte satisfecho y puede que sustituya este cuadro al que tenía destinado a la Nacional no obstante ser inferior para esta clase de exposiciones pero más prefiero continuar por el camino iniciado con mi exposición.

Ese “camino iniciado con mi exposición” era la pintura de tema campesino, “inferior para esta clase de exposiciones”, que acabaría convirtiéndolo en uno de los pintores más valorados de España en su época y en el modelo a seguir por movimientos como “Estampa Popular”, un grupo antifranquista de grabadores de los años 60.

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Tras la publicación de este artículo continué buscando la obra de Zabaleta a la que podría referirse Francisco Moreno Romero cuando me dijo que el artista había pintado a su familia en otra ocasión con "una borriquilla blanquilla" que tenía su padre. Francisco me aseguraba haber visto esa obra en el antiguo Museo Zabaleta, por lo que lógicamente debía conservarse en el actual Museo.

Recientemente Vicente Ortiz me sugirió que podría tratarse de alguno de los dibujos que Zabaleta propuso inicialmente para ilustrar "La familia de Pascual Duarte" de Camilo José Cela, dibujos que efectivamente conserva el Museo Zabaleta de Quesada, ya que finalmente fueron sustituidos por otros mucho más sencillos -también del pintor- que aparecieron en la primera edición en gallego de la novela ("A familia de Pascual Duarte", Vigo, Galaxia, 1962). 

En la hoja número 5 de los bocetos inicialmente realizados por Zabaleta para ilustrar la novela de Cela figuran estos dibujos, que bien podrían corresponder a lo que Francisco Moreno recuerda:

Rafael Zabaleta: bocetos previos para ilustrar "La familia de Pascual Duarte", hoja 5. Tinta sobre papel. Museo Zabaleta (Quesada).





[1] Zabaleta no era insensible a esa dura situación. En carta a Eugenio D’Ors de 10 de abril de 1946 le dice que está cansado «del grado de decadencia y atrofia en todo orden de cosas nobles de los ciudadanos de este pueblo, empezando por sus indignas autoridades», y le aclara: «Le escribo este párrafo bajo la impresión del lamentable espectáculo que ofrece un pueblo hambriento y envilecido, sin que salga de él una voz que nos traiga los remedios más urgentes».

[2] Azcoaga, E. «Mi buen amigo Rafael Zabaleta». En G. Ureña (coord.) Zabaleta Homenaje (pp. 30-34). Jaén: Diputación Provincial, 1984.

[3] Guzmán Pérez, M.: Rafael Zabaleta. Estudio catalográfico. Óleos. Jaén, Diputación Provincial, 2010, pp. 410 – 411.

[4] Dato facilitado por su hija Mari, a quien agradezco su colaboración.

[5] Mi más sincero agradecimiento a Francisco y a su esposa por su afectuosa acogida y por las informaciones que tan generosamente me facilitaron.

[6] D’Ors había publicado «Historia de lobos» en su “Glosario” (diario Arriba de 2 de marzo de 1946).

[7] «Rafael Zabaleta habla en torno a la pintura» (entrevista a Zabaleta de Emilio Ruiz Parra). Revista del Mediodía nº 1. Córdoba, marzo – abril de 1958.

[8] “Campesinos y tierras de secano” (1943, 100 x 81 cm.) o “Recolección en la campiña” (1943, 100 x 81 cm.), ambos ambientados en el “paisaje mineral” de “Doña Gila”.

MIRADA ATENTA A UN DIBUJO DE RAFAEL ZABALETA.

    El 18 de mayo de 1951 Eugenio D’Ors arremetía en el diario La Vanguardia Española contra “la crítica moliente y corriente” que no se percataba ni de de la novedad ni de la calidad de las obras más recientes de Rafael Zabaleta y añadía:

 

   Y, todo, por culpa de no mirar, de no saber mirar. Tienen ojos y no ven… ¡Dios mío, si la crítica aprendiese, de una vez, a plantarse delante de las obras y estarse así, quieta, un rato; y a apartarse y a volver otro ratito a la contemplación; y a contenerse las ganas de proferir arrebatos líricos; y a guardarse en el bolsillo los comentarios sociológicos […]![1]

 

   Dudo mucho que la mirada de D’Ors coincida con la que en este trabajo proponemos al lector, sobre todo porque no nos guardamos en el bolsillo los comentarios sociológicos, que consideramos inevitables e imprescindibles ante la obra de Rafael Zabaleta. Pero hemos de estar de acuerdo con el crítico catalán en que es absolutamente necesario mirar atentamente la obra del pintor andaluz si queremos descubrir su mensaje profundo, que en muchas ocasiones está presente aunque a primera vista no se vea.

   A este tipo de “mensajes ocultos” debía referirse el propio pintor cuando, hablando del “ingrediente poético” en pintura, afirmaba:

   El ingrediente poético es preciso en toda obra de arte, pero el ideal es que dicho ingrediente esté dosificado en su justa medida, de tal manera que ocupe su sitio, y no otros que los justos, es decir, que esté presente pero “que no se vea”[2].

 

   Son numerosas las obras de Rafael Zabaleta en las que podemos descubrir elementos y mensajes que pasan desapercibidos tras una primera mirada. Comentaremos aquí un dibujo a tinta (30 x 44 cm.) sin firmar y sin fechar que el pintor debió realizar a principios de los años 50:

 


   Tres generaciones de campesinos ubicados en áridas tierras de secano miran fija y frontalmente al espectador y muestran en sus rostros y en sus manos la dureza de su trabajo, la tristeza de sus vidas, aunque –como es habitual en la pintura de Zabaleta- lo hacen con gran dignidad. Hasta aquí, lo más evidente en el dibujo.

   Pero, si observamos atentamente, veremos sobre el rostro del niño (con el que comparte oreja, ojo y nariz) la imagen de un “señorito” con bigote que pasa de perfil ante la escena e ignora con absoluto desinterés la situación de los campesinos, la realidad que le rodea. Este elemento del dibujo, consideraciones aparte sobre su carácter cubista, es el que en principio “no se ve” y el que, en nuestra opinión, completa y determina el mensaje de la obra.

   Y es que Zabaleta era consciente de la importancia que el “mensaje” tenía en su pintura. Cuando en marzo de 1958 Emilio Ruiz Parra lo entrevistó para la “Revista del Mediodía” y le preguntó dónde estaba para él el concepto de lo humano en pintura, si en la pura sensorialidad o en el mensaje, el pintor respondió: «En ambos. Aunque ha de convenirse en que el segundo tiene más recursos y posibilidades de expresión»[3].

   Ignoramos si Rafael Zabaleta, gran lector, había leído la novela de Manuel Ciges Aparicio titulada “Villavieja”[4] y ambientada con gran realismo y crudeza en la Quesada de principios del siglo XX, pero el dibujo al que nos venimos refiriendo podría perfectamente servir de ilustración al texto de Ciges.

   En cualquier caso, Zabaleta conocía perfectamente la realidad social de su pueblo natal y no necesitaba haber leído a Ciges para ser plenamente consciente de la situación de los jornaleros quesadeños. Da, por ejemplo, testimonio de ello en una carta dirigida a Eugenio D’Ors el 10 de abril de 1946:

   Por fines de mes pienso estar en Madrid, ya cansado de convivir con estas gentes, y del grado de decadencia y atrofia en todo orden de cosas nobles de los ciudadanos de este pueblo, empezando por sus indignas autoridades. Le escribo este párrafo bajo la impresión del lamentable espectáculo que ofrece un pueblo hambriento y envilecido, sin que salga de él una voz que nos traiga los remedios más urgentes[5].

 

   El pintor dedica buena parte de su obra, en especial en los años 50, a mostrar la dura situación del campesinado andaluz, y lo hace de forma plenamente consciente de que, como él mismo decía para terminar la entrevista de 1958 a la que más arriba nos referimos,

   Es muy peligroso hablar genéricamente en la actualidad de una pintura andaluza, ya que por desgracia está muy desacreditada. De momento, lo mejor es que la pintura que se haga en nuestra tierra no se parezca a la que muchos creen que la representa.

 

   Son numerosos los críticos de arte que, pese a lo que aquí exponemos, han venido rechazando el carácter de “pintor social” otorgado a Zabaleta por escritores como Gerardo Diego, José Hierro o Francisco Umbral[6]. Así, por ejemplo, Pablo Corbalán escribía en 1962: «No existe en él un realismo denunciador o acusatorio, sino de agria fraternidad…»[7]

   Valga el análisis del dibujo que en este trabajo venimos haciendo para mostrar una vez más el compromiso que Rafael Zabaleta muestra en su obra con la situación del campesinado andaluz y su enorme sensibilidad ante la dura realidad social que conoció tan de cerca, aspectos estos que lo convirtieron en referente obligado para movimientos políticos y artísticos tan significativos como “Estampa Popular”.



[1] D’Ors, E. (18 de mayo de 1951). Tener ojos y ver. Estilo y cifra. La Vanguardia Española, p. 5.

[2] Zabaleta, R. Notas aún inéditas que se conservan en el archivo del Museo Zabaleta de Quesada (Jaén).

[3] Ruiz, E. (Córdoba, marzo – abril 1958). Zabaleta habla en torno a la pintura. Revista del Mediodía, 1, 22-24.

[4] Ciges, M. Villavieja. Madrid, Jaime Ratés Martín, 1914.

[5] Garzón, L. J. (ed.). Cartas inéditas de Rafael Zabaleta a Eugenio D’Ors. Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 2013, pp. 82 – 83.

[6] Véanse:

-          «Zabaleta, la poesía y Zabaleta» (Gerardo Diego, Clavileño, 14, 36 -40, marzo – abril 1952).

-          «Zabaleta, el precursor del arte social» (José Hierro, El Alcázar, 6 de abril de 1965).

-          «Itinerario de exposiciones: La España de cada provincia – Rafael Zabaleta» (Lord, La Estafeta Literaria, 316, 24, 24 de abril de 1956).

[7] Corbalán, P. (3 de enero de 1962). El arte en Madrid: Zabaleta en exposición antológica. El Noticiero Universal.

UNA OBRA DE RAFAEL ZABALETA EN LA FERIA MUNDIAL DE NUEVA YORK (1964-1965).

   La Feria Mundial de Nueva York (Estados Unidos) de 1964-1965 fue una exposición internacional celebrada en Flushing Meadows - Corona Park. Se inauguró el 22 de abril de 1964 y estuvo abierta (durante 2 temporadas de 6 meses cada una) hasta el 17 de octubre de 1965. Aunque no fue reconocida por la Oficina Internacional de Exposiciones, participaron en ella numerosos países y recibió la visita de más de 50 millones de personas. España estuvo representada en un gran edificio diseñado por el arquitecto Javier Carvajal.
   Entre las numerosas instalaciones del pabellón español había una Galería de Arte Contemporáneo en la que cada mes se llevaba a cabo una nueva exposición de arte español contemporáneo destacado, si bien figuras como Picasso, Miró, Dalí y Gris se exhibían permanentemente.

Portada del catálogo de la exposición "Siete pintores de España"

   Una de esas exposiciones, que estaban coordinadas por el Director General de Bellas Artes (Gratiniano Nieto), se tituló “Siete pintores de España” y en ella se mostraron obras de José Gutiérrez Solana, Francisco Lozano, Francisco Mateos, Benjamín Palencia, Gregorio Prieto, Joaquín Vaquero Palacios y Rafael Zabaleta. De Rafael Zabaleta se mostró el óleo “Aceituneras” (1959), que en el catálogo de la exposición figura reproducido e incomprensiblemente titulado “Seeders” (“sembradoras”).

Rafael Zabaleta: Aceituneras (1959)

   Los datos sobre Zabaleta que aparecen en el catálogo son los siguientes:
   “Rafael Zabaleta es otro pintor español que no quiso abandonar su tierra natal. Allí trabajó y produjo la mejor parte de su obra. Originario del corazón de Andalucía, Zabaleta nació y murió en Quesada, muy cerca del nacimiento del río Guadalquivir, en la provincia de Jaén. Solía visitar Madrid regularmente, y también organizaba visitas a París. Durante sus viajes hacía dibujos y tomaba notas que después elaboraba con tranquilidad en su estudio. Zabaleta, sin embargo, fue ante todo un pintor de personajes típicos, de campesinos, gentes del campo en sus fiestas populares y los interiores de sus casas. Murió prematuramente en junio de 1960, en el momento más álgido de su carrera como pintor. Un museo que lleva su nombre ha sido fundado en su pueblo natal con un número considerable de obras del pintor, realizadas a lo largo de toda su vida. El museo ha sido declarado de interés nacional y patrocinado por la Dirección General de Bellas Artes”. (1)
   La Dirección General de Bellas Artes también expuso “Aceituneras” de Zabaleta (junto al “Campesino” de 1957) en la muestra celebrada en el Palacio del Retiro (Madrid, octubre – noviembre de 1964) y titulada «Veinticinco Años de Arte Español». Aquella muestra conmemoraba los llamados “XXV Años de Paz” dentro de un amplio programa de actos cuyo objetivo era mostrar a Franco, no como el vencedor de la contienda, sino como el garante de la paz transcurridos veinticinco años del final de la guerra civil. Ello provocó que numerosos artistas aún vivos se negaran a colaborar en la maniobra propagandística del Régimen y no respondieran a la llamada de Gratiniano Nieto. El Partido Comunista de España se hizo eco de todo ello en la revista “Realidad” (2) y criticó con dureza la inclusión en la muestra obras de artistas ya fallecidos a los que no consideraba afectos a la dictadura. (3)
   Similar carácter propagandístico, cara al exterior, tenía la participación española en la Feria Mundial de Nueva York, cuyo lema era “paz mediante el entendimiento”. El pabellón de España representaba, además, la defensa del sentido imperial y católico que caracterizaba al franquismo. Por eso estaba presidido por una “figura de bienvenida”: la de Isabel la Católica, “primera reina de una España unida y patrona de Colón”, según figura en la guía oficial de la Feria. En la “Sala Histórica” del pabellón figuraban murales gigantes de Joaquín Vaquero Turcios que “representan la fe, la cultura y la evangelización de las Américas españolas”, y se mostraba al público “la Tizona, la espada de batalla de Rodrigo Díaz de Vivar, el guerrero cristiano del siglo XI conocido como El Cid”.
   En esa España se desenvolvió Rafael Zabaleta y triunfó su obra, que -como hemos visto en las referencias que aparecen en el catálogo de “Siete pintores de España”- suele mostrarse desde la oficialidad despojada de su indudable contenido social. Sin duda convenía afirmar que Zabaleta “fue ante todo un pintor de personajes típicos, de campesinos, gentes del campo en sus fiestas populares y los interiores de sus casas”. Esa visión folklorista, endulzada (e interesada) de su pintura es la que en buena medida se nos ha transmitido durante años.
   Si en 1964 y 1965 Zabaleta (1907 – 1960) hubiera estado vivo, es muy probable que no hubiera enviado su obra a las exposiciones antes citadas (Veinticinco Años de Arte Español y Feria Mundial de Nueva York). Desde mediados de los años 50, el pintor había asumido un notable grado de compromiso con la oposición democrática a la dictadura y el significado social de su obra estaba siendo reivindicado por organizaciones como el PCE o movimientos artísticos antifranquistas como Estampa Popular. Él debía, además, saber que la participación en aquellas maniobras propagandísticas oficiales nada aportaba a la difusión de su obra; más bien, perjudicaba su imagen en los ambientes en los que se movía y se valoraba su obra.
   Pero desgraciadamente Rafael Zabaleta ya había muerto y no podía resistirse a la utilización de su pintura por las instituciones de la dictadura ni a que esta se presentara desde la oficialidad como descargada de todo mensaje social y reivindicativo, como una obra puramente decorativa, costumbrista y festiva, algo que el propio pintor rechazaba en una entrevista de 1958 cuando señalaba refiriéndose a Andalucía: «De momento, lo mejor es que la pintura que se haga en nuestra tierra no se parezca a la que muchos creen que la representa». (4)

Notas:

(1) Rafael Zabaleta is another Spanish painter who did not wish to leave his birthplace. There he worked and produced the most important part of his work. Originally from the heart of Andalusia, Zabaleta was born and died in Quesada, very near the source of the river Guadalquivir in the province of Jaen.
   He used to visit Madrid regularly and, in the same way, he organized his trips to Pari. During his travels he would make drawins and notes, later to be elaborated slowly in his studio.
   Zabaleta, however, was first and foremost a painter of typical characters, of peasants, country folk at fiestas and of the interiors of peasant homes.
   He died prematurely in June, 1960, when his work at his height. A museum bearing his name has been founded in his native village with a considerable number of his works, executed throughout his whole life. The museum has been declared of national interest and patronized by the General Direction of Fine Arts. (Traducción al español de Libertad Garzón). 

(2) “Los que han acudido a ese Symposion en el que todos los vinos se han mezclado -los de Fraga, los de la «paz franquista» y los del «balance plástico»- seguramente pueden ser encuadrados en varias rúbricas: los colaboradores (expresión de don Gratiniano), los que no sabían, los que consideran que ni el Arte ni el Tiempo (25 años) tienen una dimensión política. En general han acudido en la ambigüedad; en unos casos, quizá no muy valiente; en otros, quizá no muy consciente. Probablemente muchos de ellos, ante lo sucedido, reflexionan ahora.
   En la múltiple diversidad de los que no han asistido aparece un rasgo general y en muchos casos ostensible: que han dicho no a la maniobra.
   Esta descubre la textura de otras maniobras que acechan. La reacción se propone «echarle agua al vino», absorber el pasado, absorber el presente, fagocitar”. (Realidad noviembre-diciembre de 1964, pp. 121-124). 

(3) “Violadores de tumbas. Esa es la realidad. Porque ¿cómo si no meter en el saco de una maniobra propagandística, que trata de ocultar las lacras del presente, a hombres como Ricardo Baroja, Eduardo Chicharro, Pascual de Lara, Solana, Zabaleta, etc.?”. 

(4) “Revista del Mediodía” nº 1. Córdoba, marzo de 1958.

DOS OBRAS DE RAFAEL ZABALETA: RETRATO DE VISI Y EL TALLER DEL PINTOR.

Este artículo se publicó en la "Revista de Información y Cultura" de Quesada (Jaén) con motivo de la Feria y Fiestas de 2017.


Como en anteriores números de esta Revista de Información y Cultura, vuelvo a escribir sobre Rafael Zabaleta. En esta ocasión me referiré al origen y el destino de dos obras del pintor ya catalogadas, pero poco conocidas: “Retrato de Visi” (1941, 95 x 76 cm.) y “El taller del pintor” (1941, 105 x 75 cm.).

Investigando la primera de estas dos obras, he podido contactar con una sobrina de Visi, la chica retratada por Zabaleta, y así conocer de primera mano la personalidad de la modelo y la relación entre pintor y modelo, lo que al mismo tiempo me ha permitido un acercamiento al segundo tema de este artículo: la relación de Zabaleta con las mujeres. Si lo que valoramos, como sería lógico, es la enorme obra pictórica de Rafael Zabaleta, es este un asunto sin duda intrascendente, pero que ha dado lugar a varios comentarios poco respetuosos y que en nada contribuyen a la dignidad que merece la memoria del artista. Lamentablemente algunos de esos comentarios se han transmitido en letras de imprenta y han desencadenado juicios y valoraciones sin fundamento.

“Retrato de Visi” y “El taller del pintor”.
El 23 de noviembre de 1942, hace ahora 75 años y en plena II Guerra Mundial, Rafael Zabaleta, con 35 años de edad, inauguraba en la Galería Biosca de Madrid su primera exposición individual, en la que mostraba veinte óleos y dos acuarelas.

Dos de esos óleos eran “Retrato de Visi” y “El taller del pintor”, que Zabaleta vendió al entonces Embajador de Japón en España, Yakichiro Suma, quien los adquirió por 1.500 pesetas cada uno[1].

               
Yakichiro Suma[2] (1892 – 1970) fue académico fundador de la Academia Breve de Crítica de Arte creada por Eugenio D’Ors, y a la que tan vinculado estuvo Rafael Zabaleta[3]. Amante del arte, el embajador Suma consiguió en España una importante colección de 1.800 obras, de las cuales pudo llevar a Japón al menos 500, que hoy conserva el Museo de Arte de la Prefectura de Nagasaki.
                           

 Vázquez Díaz: retrato al óleo de Yakichiro Suma - Eva Preetsman: retrato en bronce de Yakichiro Suma

Lamentablemente no disponemos de fotografías en color ninguna de las dos obras de Zabaleta adquiridas por Suma. El conservador del Nagasaki Prefectural Art Museum, Akira Nonaka, me ha confirmado que ambas figuran en la relación de la colección Suma con los números 808 y 807 respectivamente, pero ninguna de ellas se conserva en dicho museo, y aún no las he podido localizar en ningún otro centro artístico ni colección particular.

Cesáreo Rodríguez-Aguilera cuenta que Zabaleta «vendió un cuadro al Embajador de Japón, precario éxito que a él le satisfizo mucho. Años después, finalizada la segunda guerra mundial, Zabaleta encontró el cuadro en un puesto de venta del rastro de Madrid, con su firma sustituida por la de Matisse. Es posible que a estas horas el cuadro de Zabaleta figure en alguna colección o Museo como original del pintor francés»[4]. Ignoro a cuál de los dos cuadros vendidos al Embajador se pueda referir Rodríguez-Aguilera, pero la historia me parece en principio fantasiosa y poco creíble si tenemos en cuenta que un coleccionista de arte como Yakichiro Suma no se desprendería fácilmente de una obra de Zabaleta que además, como hemos indicado más arriba, figura relacionada en su colección. Por otra parte, es difícil pensar que alguien quisiera hacer pasar un Zabaleta por un Matisse, dadas las diferencias notables entre las obras de ambos artistas y el hecho de que Zabaleta ya se cotizaba bien y era muy conocido en los medios artísticos de España.

Los óleos vendidos al señor Suma aparecen reproducidos en el catálogo de la Exposición Antológica realizada en homenaje a Rafael Zabaleta (Madrid 1961. Dirección General de Bellas Artes), donde figura que “El taller del pintor” pertenece al Museo Zabaleta de Quesada, lo que es tan inexacto como el título que le dan a la obra (“El pintor y la modelo”) y la fecha de realización que le asignan (1940). Desgraciadamente, son muchas las imprecisiones que se han publicado con respecto a la obra y a la biografía de Zabaleta.

“El taller del pintor”, de una impresionante profundidad, incluye en su ángulo inferior derecho una de las más bellas maternidades de Rafael Zabaleta.

En cuanto al “Retrato de Visi”, es una fiel imagen de Visitación Moré Esteban (1919 - 2007), una muchacha a la que Zabaleta conoció en Madrid y con la que el artista mantuvo una estrecha relación el resto de su corta vida.

Visi Moré y Rafael Zabaleta.
La venta de la obra desagradó enormemente a Visi, quien conservó otro retrato suyo a carboncillo (64 x 46 cm.), también de gran calidad. El pintor cordobés Pedro Bueno, en una carta enviada a Zabaleta el 29 de diciembre de 1942, se refiere así a este hecho: «Me ha telefoneado “Visi” y la pobre está un poco disgustada con la venta de su retrato; yo ya le he dicho que lo más importante es que el pintor queda y puede pintar otro y que puede estar orgullosa de que su retrato se vea un día colocado en una galería del Japón, -en el fondo le gusta-.»

Visi Moré dirigió a Zabaleta en 1953 la siguiente carta, que transcribo con la mayor fidelidad posible:

Vitoria 29/4/53
Queridísimo Rafa: Recibí tu carta en la que veo estás bien de tu caída[5] en lo que me alegro infinito. De lo que dices de la poesía que la guarde no me interesa guardarla[6] sólo guardo los recortes de periódicos de uno que no lo olvido y que es un “rebelde” y ese es Zabaleta. Me alegro infinito que estés libre como el pájaro como yo así no te dejaría, no te parece? Dices en tu carta que esperemos yo te esperaré toda mi vida sé que te vas a reírte; me gustaría verte la cara que pondrías parece que te veo el gesto.
Ese mes que viene sales de tu hermoso pueblo? Yo pregunto dónde vas? Si te acercaras por esta con lo precioso que es las salidas tiene un campo precioso para pintar creo te gustaría puesto que es montañoso y además vienen muchos pintores a pintar por estas tierras y además siempre hay pintores que exponen  sus obras; y además que te acompañaría yo a llevar tus pinceles pero no creas que voy a estar en esta mucho porque estamos esperando que nos terminen la casa de Madrid y pasaremos los inviernos y el verano en esta, así es que te veré pronto, bueno nos veremos, no es eso? Escribiéndote no sé ni lo que te escribo me acuerdo de tu primera exposición que expusiste y de aquel “retrato famoso” y me muero; no quiero ponerme triste, porque estoy muy contenta con tu última carta. Te quiere,
Visi.

    
 Resulta evidente que Visi estaba profundamente enamorada de Zabaleta y que, a pesar de los once años transcurridos desde la venta del retrato, no había olvidado ese hecho que tanto le disgustó.

Gracias a la generosidad de Olga Granero Moré, hija de la pintora Matilde Moré, una de las hermanas de Visi, he tenido acceso a dos manuscritos rimados fechados el 8 y el 9 de enero de 1954 y firmados por “Ángel”, Ángel Mingote Lorente[7]. Ambos textos están dirigidos a Visi Moré, con quien Ángel acabaría contrayendo matrimonio poco después, y hacen referencia a Rafael Zabaleta (texto en negrita), de quien el autor se muestra claramente celoso. Como son bastante extensos, transcribo solo unos fragmentos de cada uno de ellos:

Para Visi Moré. Improvisación.

¡Vaya, vaya con la niña
tan bonita y hechicera:
haber venido a Madrid
para quitarme las penas!
Por tu caridad, mil gracias,
“vascorra” y aragonesa
(doble sangrecica tienes
de tesón y de firmeza,
de ternura y de bravura,
de cabezona y guerrera).
--
Mas no vengas con mentiras
y no me seas coplera:
tú te quedas en Madrid
porque viene Zabaleta
y en tal caso yo te digo:
de ti me importa una breva,
pues soy cual niño mimoso,
solo quiero que me quieran.

Ángel.8-I-1954


Rimas bárbaras e improvisadas

Aquellos ripios de ayer,
está visto y demostrado,
os han dejado muy frías,
apenas os han gustado:
la alusión a Zaragüeta
y lo de haber “arramblado”
con la comida sobrante
a Pilar[8] no le ha llenado,
tampoco a su hermana Visi.
¡Soy un perfecto bellaco!
xx
Solo y triste queda
este rimador;
¿a él quién dará el consuelo
de un poquito de amor?
--
                        Ángel.



De la misma forma he conocido un romance titulado “Secreto” y enviado a Visi el 25 de marzo de 1948 por Antonio Martínez de Marigorta[9] con la siguiente dedicatoria: «Para María Visitación, mujer enigmática y de belleza exótica y extraña, que en una noche triste –noche de un marzo sentimental- me dijo que no creía en el amor». No podemos saber si el poema esconde alguna referencia al amor que Visi sentía por Rafael  Zabaleta, pero el retrato que el poeta hace de ella contiene interesantes rasgos claramente coincidentes con los que podemos observar en el retrato al óleo del pintor. Por ello he creído oportuno transcribirlo a continuación:

Eternamente asomada
en tu mirador de ensueño,
tus ojos están muy tristes,
embriagados de misterios.
¿Cuál es la pena escondida
que puso lutos poéticos
en la nieve de tu frente,
pensativa de desvelos?
Ante ti, la tarde huye
por ese camino viejo,
lleno de hastíos y brisas,
lleno de soles y tedios.
Asomada eternamente,
¿cuáles son tus pensamientos?
¿Qué dolor ha puesto heridas
en el cauce de tus sueños?
Eternamente asomada,
mientras la seda del viento
juega a besarte en la boca
y a perderse en tus cabellos,
acaso esperas con ansias
lo que murmuran mis versos:
algo grandioso, imposible,
algo dulce, tenue, bello.
¡En la pena de tus ojos
está guardado el secreto!
                     ---
Tus palabras de una noche
-noche de un marzo poético-
tenían brillos de luna
y perfumes de misterios.
Era enigma tu mirada
y enigma tu pensamiento:
“El amor –hablabas triste-
es sólo un presentimiento,
como el humo que se extingue
al leve empuje del viento”.
Luego, te fuiste perdiéndote
entre sombras y luceros,
por la noche opaca y fría,
llevándote tu secreto…
Eternamente asomada
en tu mirador de ensueños,
esperas algo imposible,
desconocido y eterno.
Y tu mirada doliente
espía el camino viejo,
quizá soñando en ausencias,
quizá soñando en regresos.
En el fondo de tus ojos
está escondido un misterio:
¿es la ilusión que no llega
o es la herida de un recuerdo?
Asomada eternamente,
la brisa te finge besos.

 Visi enviudó en diciembre de 1961, año y medio después de la muerte de Zabaleta. El recuerdo del pintor continuó vivo en la familia Moré; así lo demuestra el hecho de que Matilde, hermana de Visi, continuara versionando con acierto algunas de sus obras. Esta maternidad al óleo (1997, 55 x 38 cm.) de Matilde Moré es un regalo que ella me hizo:


  

Otras mujeres (Yvonne en París, Marichu Moro en Almería, Inmaculada Montero en Granada…) mostraron su interés personal por Rafael Zabaleta, y este siempre les correspondió a su modo: con gran afecto, pero como un solitario tímido e impenitente nada dispuesto a renunciar a su soledad y a su independencia.

Como señaló Enrique Azcoaga, a Zabaleta «le encantaban las mujeres casi tanto como las temía, por su manera de ser introvertida»[10]. Y en la misma idea insistía Alfonso Cavallé, gran amigo del pintor, en estos términos: «Deseaba Rafael tanto el matrimonio y al mismo tiempo tenía un miedo cerval a dar ese paso. Nunca llegó a tener novia propiamente dicha»[11].

Ramón Descalzo Faraldo describió así a Rafael Zabaleta: «… pintor de la Andalucía alta, nativo de Quesada, juvenil en los años y ya a punto de cosecha en la obra. Por si a alguno interesasen más datos, agregaré que la lectura, la caza, el existir apartado en una casa de las montañas, la soledad como profesión y la pintura como vida, terminan el retrato del hombre.»[12]

La “soledad como profesión y la pintura como vida” de Rafael Zabaleta quedan igualmente de manifiesto en estas palabras de Carlos Castilla del Pino: «La pintura de Zabaleta es el discurso mantenido del solitario, y hace solitario a cuanto toca, esto es, a cuanto representa… Lo que nos comunica Zabaleta con su plástica es la intrínseca soledad del ser humano y, por tanto, de él mismo.»[13]

Ilustro finalmente este trabajo con algunas fotografías de Visitación Moré que también me ha facilitado su sobrina:


Visi joven en Vitoria - Visi y Ángel Mingote el día de su boda

  

Boda de Visi y Ángel Mingote. Junto a Visi, el famoso compositor Jesús Guridi Bidaola, padrino de boda. A la derecha, con abrigo de pieles, la pintora Matilde Moré. La niña situada en el centro es Olga Granero Moré, hija de Matilde.


[1] En su relación autógrafa de obras, Rafael Zabaleta solía anotar con precisión el nombre de quien adquiría cada uno sus cuadros y el precio de venta. En el caso de los dos óleos que nos ocupan solamente aparece: «Japón 1.500».
Según se desprende de la citada relación, entre 1937 y 1959 Zabaleta regaló como mínimo 22 óleos, y vendió otros 73 por un montante global de 677.700 pesetas. El precio individual de las obras oscila en esos años entre las 1.500 pesetas de las primeras ventas (1942) y las 40.000 o 50.000 pesetas de algunas de las últimas (1958). Conviene recordar que entre 1955 y 1960 el salario mensual medio de un trabajador osciló entre las 9.600 y las 17.280 pesetas.

[2] Yakichiro Suma (1892 – 1970), Embajador de Japón en España de 1940 a 1946, es conocido como el activo más importante de Kenpeitai (servicio secreto de Japón) en Europa durante la II Guerra Mundial. Fue el creador e impulsor de la red de espías TO, que llegó a tener operativos desde el Reino Unido a la Unión Soviética, pasando por Irán ó la India. Toda esa red de espías era dirigida por Yakichiro Suma desde la Embajada de Japón en Madrid, valiéndose de sus actividades diplomáticas. Además, y utilizando sus contactos diplomáticos en Lisboa, tejió una red de intercambio de informaciones con los servicios de inteligencia de Alemania e Italia.
Enrique Lafuente Ferrari (Recuerdo de Daniel Vázquez Díaz en su centenario. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2011, nota 68, pág. 80) escribe: «Suma era un rico diplomático nipón de familia distinguida: inteligente, afable y cordial, tuvo un gran papel en la sociedad madrileña de aquellos años. Coleccionista empedernido, compró obras de arte, especialmente pintura moderna y antigua, así como dibujos. Exhibía su colección en el palacio de la Embajada, en la calle de Miguel Ángel, donde recibía suntuosa y frecuentemente a artistas y escritores […] En cuadros modernos sí tuvo mejor tino y creo que Vázquez Díaz, gran amigo suyo, le aconsejó alguna vez en este campo: reunió una respetable selección de obras de Daniel y de Solana, entre otros muchos pintores españoles.»

[3] Es bien conocida la participación de Zabaleta en los “Salones de los Once” organizados por la Academia creada por D’Ors.
En su libro Historia de la Academia Breve de Crítica de Arte (página 52), Manuel Sánchez-Camargo describe una de las reuniones de la Academia dorsiana (1946) y escribe: «Desde nuestro mirador se divisa otro despacho –el destinado a trabajos de filosofía- en el cual se hallan en amigable plática y en espera de que termine la sesión: José Luis Aranguren, y Rafael Zabaleta. El primero es el más entusiasta, y el más autorizado biógrafo, de la filosofía dorsiana… Rafael Zabaleta es un asiduo en la casa del maestro…». Aranguren también adquirió a Zabaleta su óleo titulado “Bodegón con cerámica y flores” (1947. 61 x 50 cm.). Posteriormente, el pintor le regaló un dibujo a tinta.

[4] Zabaleta de Quesada. Del pueblo a la Modernidad. Àmbit Serveis Editorials,  Barcelona, 1990, pág. 123.

[5] Se refiere indudablemente al accidente que Zabaleta describe así a Eugenio D’Ors en una carta de 9-11-1952: «A mí me persigue la desgracia, pues el día del Pilar, al regresar caminando del campo ya de noche, sufrí una caída y me fracturé en tres pedazos el calcáneo del pie derecho.»

[6] Es probable que la poesía a la que Visi se refiere sea una composición que Zabaleta le dedicara, pues el pintor ya hizo antes otro tanto en 1951 con Marichu Moro, a la que envió el poema titulado “A una muchacha de Almería”.

[7] Ángel Mingote Lorente (1891 – 1961), compositor y musicólogo. Fue padre del famoso dibujante, escritor y periodista Antonio Mingote (1919 – 2012), fruto de su matrimonio con la escritora Carmen Barrachina.

[8] Pilar Moré, hermana de Visi, a quien el autor de los “ripios” había calificado de «gran maestra en recolectar las sobras de comidas y de cenas».

[9] Antonio Martínez de Marigorta (1924 – 2015) fue colaborador de la revista Vida Vasca de 1947 a 1960. En dicha publicación trató básicamente temas de ambiente alavés.

[10] «Mi buen amigo Rafael Zabaleta» en Zabaleta Homenaje, Diputación de Jaén, 1984, pág. 32.

[11] «La añoranza de un paraíso» en Zabaleta Homenaje, Diputación de Jaén, 1984, pág. 44.

[12] Rafael Zabaleta. Arte Moderno Español nº 2. Editorial Alejo Climent, Madrid – Barcelona, 1947.

[13] «Sobre Zabaleta: Una Interpretación». Prólogo de Zabaleta de Quesada. Del pueblo a la Modernidad. Àmbit Serveis Editorials,  Barcelona, 1990, pág. 9.