"EN LA INTIMIDAD CON RAFAEL ZABALETA", UN ARTÍCULO DE VALENTÍN DE LAS MARINAS.

 

Valentín de las Marinas Degiuli, nacido en Quesada (Jaén) el 29 de mayo de 1902, fue secretario de su pueblo natal, donde fundó y dirigió desde 1930 la revista El Funcionario Municipal – Revista Órgano de los empleados administrativos. Para más información sobre Valentín de las Marinas y sobre dicha revista puede consultarse el blog de Vicente Ortiz García:

https://historiadequesada.blogspot.com/2019/12/el-funcionario-municipaluna-revista.html

El 24 de mayo de 1955, Valentín de las Marinas publicó en el diario Jaén el artículo que a continuación transcribo (a partir del borrador mecanografiado que se conserva en el archivo del Museo Zabaleta) con la intención de que no se pierda en el olvido.

Se trata, como verán, de un artículo muy representativo de los valores imperantes en los años de la dictadura y en el que se identifica el pueblo de Quesada con sus “fuerzas vivas” y sus figuras históricas ilustres.

Resta, pues, protagonismo al resto de los vecinos, mayoritariamente jornaleros, que en aquellos momentos pasaban hambre y necesidad, aunque el autor reconozca que la obra de Zabaleta refleja «esos rasgos inconfundibles de la humanidad ibera de sus hombres, mujeres y chiquillería». Y es que esa otra «verdad» de la pintura social de Zabaleta, tan importante y ya reconocida entonces por críticos y poetas fuera del pueblo, nunca fue valorada, ni siquiera considerada, en Quesada.

Este es el artículo:

DESDE QUESADA

EN LA INTIMIDAD CON RAFAEL ZABALETA. LO QUE PENSÉ Y NO DIJE… 

En un sin par escenario, la portentosa “CUEVA DEL AGUA”, ayer, 15, festividad de San Isidro, se dieron cita unas docenas de amigos del insigne pintor Zabaleta, degustando sabrosa comida, que el maestro y amigo -amplio, sencillo y confidencial- nos presidió satisfecho y acogedor.

Fotografía de una celebración en la Cueva del Agua
(Archivo municipal de Quesada)

Allí se habló, en bromas y en veras; allí se respiraron fragancias de amistad y fragancias de primavera; se susurraron palabras íntimas y sinceras, al rítmico sonsonete de la cristalina agua despeñada; se discurseó, en improvisaciones cariñosas de ofrenda al amigo; y cuando al humilde comensal que esto escribe parecía, por insinuaciones amables, llegarle el turno de decir algo, el “yo” interno se resistió, temiendo romper el encanto de esos momentos desordenados de charla con ripiosas palabras de mi humildad… Y pasó todo y no hablé…; pero, caro lector, permíteme que en íntimo secreteo te susurre al oído lo que pensé y no dije…

“Hace pocas fechas un entrañable amigo me recordaba, en sabrosa carta, las hermosas palabras de Aristóteles: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Yo ahora quisiera parodiar al inmortal filósofo griego, diciendo: «Soy amigo de Zabaleta, pero más amigo de la verdad de Zabaleta». ¿Y cuál es la verdad de Zabaleta, queridísimos amigos y paisanos? En mi concepto, el motivo de su inspiración: ese maravilloso y multicolor paisaje quesadeño; y esos rasgos inconfundibles de la humanidad ibera de sus hombres, mujeres y chiquillería…

Así, pues, con esa sana verdad a cuestas, el Pintor de Quesada cabalga por salones y tertulias, por dentro y fuera de nuestras fronteras, dando a conocer su nuevo y original arte pictórico, pero también su “vieja” ciudad, con sus contornos macizos a fuerza de historia y leyenda; con sus sierras y arboledas, con sus colores y luces, con sus terruños pardos y sus nombres rugosos y pegadizos…

Y triunfa la paleta del genial quesadeño y triunfan los modelos vivientes e inmortales que nutren su inspiración, lo cual quiere decir, sencillamente, concretamente, que el amor puro de Zabaleta hacia su patria chica es tan arrebatador, tan único, tan pleno, que sus coronas de laurel, ganadas todas en caballerosas y limpias lides, las obtiene por “duplicado”, una para él, otra para Quesada… Y así Quesada marcha siempre del brazo de este gran artista, de su hijo predilecto, luciendo sus galas mejores en el paisaje, en su expresiva estampa racial, hasta conquistar con Zabaleta, para Zabaleta y para sí, una amplia vía de admiraciones y acatamientos que hoy rodean, con esplendor de elegido, al virtuosísimo Pintor de Quesada…

Yo quisiera -y tengo la evidencia de que todos deseáis lo mismo- que todos copiásemos de Zabaleta, que todos fuésemos tan sensibles y apegados a la tierra madre, como Zabaleta… Los que podamos darle algo, por muy ínfimo que se crea, ofrecédselo con anchura de corazón, con fogosidad de buenos hijos; los que no tengan la oportunidad ni la posibilidad de dar, al menos, pregonad con esos inextinguibles y eternos gritos del alma, las glorias de Quesada, que son las glorias de sus hijos escogidos…

Y yo desde esta tribuna majestuosa, en la que la Naturaleza brillante y risueña nos llama a querer y adorar a Dios en su infinita omnipotencia, vuelvo a convocaros y recordaros deberes nobles y egoístas que tenemos que cumplir con nuestros muertos y con nuestros vivos, con nuestra Quesada siempre eterna y resplandeciente… Esos nombres, ya historia, de Ángel Alcalá, Leandro Jiménez, Salvador Segura, Laureano Delgado, José Ramón Vives, Diego Carriazo, Juan Bautista Palop… Y esos otros, en pleno producir de lauros y glorias, Juan de Mata Carriazo, el mismo Zabaleta, Cesáreo Rodríguez… Esos nombres, repito, y otros que hayan escapado de mi memoria, hay que airearlos y sacarlos a la devota consideración de nuestros más caros amores, en un acto brillante, inolvidable, en que, definitivamente, sea Quesada la que se corone de gloria, como prolífica procreadora, ayer y hoy, de hijos que tanta honra y prez supieron y saben darle, a la madre del Guadalquivir famoso, a la tesorera de la Virgencita morena y serrana de Tíscar, guardada amorosamente en ese mago relicario que nadie más que Dios pudo elegir para sede de la Madre de la Cristiandad.

Y para terminar, con la esperanza de que estas pobres palabras podrán ser traducidas, yo quiero se sintetice el sentimiento que a todos nos tiene aquí reunidos, con este grito: ¡Viva Quesada, su Virgen y sus hijos ilustres!

Amigo lector: guárdame el secreto de esas palabras que no dije, pero que pensó mi cabeza y sintió mi corazón, en ese delicioso momento en que unos buenos y leales amigos ofrendábamos a Zabaleta todo el calor de una afectuosa admiración…

VALENTÍN DE LAS MARINAS

mayo 1955

No hay comentarios:

Publicar un comentario